jueves, 19 de diciembre de 2013

Involtini de calabacín con couscous de gambas y setas


 


Pasan los días, pasan los meses y cuando nos queremos dar cuenta estamos preparando las fiestas de Navidad y con ellas, concluyendo un nuevo año. El algunos casos, espero que muchos, habrá sido un año bueno, quizás en la mayoría y por aquello del largo padecimiento de la crisis, regular y lamentablemente en algún que otro, malo. Pero lo más importante es que seguimos aquí, compartiendo recetas y contándonos algunas cositas de nuestras vidas, porque al fin y al cabo no debemos olvidar nunca que lo único importante es vivir.


Y no me enrollo más, pero sigo con el rollo jajaja. Hoy os muestro un plato ligero, fresco, lleno de sabor y muy rico. Lo he llamado "involtini" por aquello de la forma, porque no tiene ninguna connotación italiana más allá del nombre. La presentación me pareció bonita.

Podéis servirlos como aperitivo, entrante o acompañamiento; en cualquier caso resultan deliciosos.



INGREDIENTES: 

  • 2 calabacines
  • 250 gr de gambas
  • 150 gr de setas (Shitake, champiñón,nameko, seta de cardo...)
  • 2 o 3 dientes de ajo
  • 200 gr de cous cous
  • 200 ml de agua
  • sal
  • aceite de oliva virgen extra
  • un poco de mantequilla



 ELABORACIÓN:

Lavamos bien el calabacín y con ayuda de una mandolina o un cuchillo y buen pulso ;-) cortamos tiras a lo largo, procurando que sean finas.
Salamos ligeramente las tiras de calabacín y las ponemos en una fuente plana, unas al lado de las otras. Cubrimos con papel film y las cocinamos en el microondas durante 2 minutos a potencia máxima.
También podéis asarlas en una parrilla o sartén (humedeced el fondo de la sartén con unas gotas de aceite) hasta que las tiras de calabacín estén blandas y manejables, pero firmes.
Y si os gusta el horno, tan solo tenéis que extender las tiras sobre la bandeja, añadirles unas gotitas de aceite por encima y hornealas a 180º, unos 10 minutos. Precalentar antes el horno.

Mientras se hace el calabacín, llevamos a ebullición el agua, añadiéndole un poco de aceite y sal. Retiramos el recipiente del fuego y vertemos el cous cous. Removemos y dejamos reposar 3 minutos.
Añadimos un poco de mantequilla y volvemos a colocar el recipiente a fuego lento durante 2 o 3 minutos, removiendo regularmente con el tenedor. Reservamos.

Quitamos las cabezas y la piel a las gambas.
Limpiamos las setas y troceamos las más grandes.
Ponemos una cucharadita de aceite de oliva en una sartén, añadimos los dientes de ajo picados y troceados en cuadraditos pequeños y cuando empiecen a tomar color, añadimos las gambas y a continuación las setas. Salamos ligeramente.
Removemos bien un par de minutos a fuego alto hasta que estén en su punto.

Mezclamos el cous cous con las gambas y setas al ajillo.
Cruzamos dos tiras de calabacín y rellenamos con la mezcla, cerramos con un palillo.
Si nos decidimos a prepararlas en forma de rollito, ponemos una cucharadita de la mezcla en un borde de la tira de calabacín y enrollamos sobre si misma.

Servimos.










sábado, 14 de diciembre de 2013

Selección de postres navideños. Dando ideas


                      

                        Compota de frutas rojas con yogur 


Es probable que ya tengáis pensados y organizados vuestros menús navideños, pero seguro que hay quienes  aún están tomando ideas de aquí y de allí ¿a que sí? En esos casos se agradecen  los blogs que ofrecen recopilatorios de recetas apropiadas para estas fechas.

 El postre es el broche con el que queremos lucirnos después de una buena comida y en Navidades elegir el adecuado resulta un poquito más complicado pues, después de una comida por lo general copiosa, queremos que a todos apetezca y a la vez no resulte demasiado pesado...sin olvidarse que después llega la bandeja de turrones. Por ese motivo hay que prestarle especial atención.

De entre todas las recetas que he publicado, he hecho una selección de aquellos postres que considero  lucirán en vuestras mesas y os garantizarán el éxito, porque todos están buenísimos.
Además son fáciles de hacer, aunque algunos requieren un poco más de trabajo que otros, pero poco más. Y algo que para mí es importante: se pueden dejar hechos con antelación. Que el postre no nos agobie ni estrese  ; )




PRESENTACIONES EN VASO O TARTALETA

Cada vez me decanto más por la presentación en vasitos o tartaletas individuales, son una solución cómoda y resultan muy vistosos. Y las mousses son una opción ligera como postre. Las de limón y yogurt son mis preferidas.
Las fresas se pueden sustituir por frambuesas o cerezas













 




  Y DE POSTRE.... HELADO

Que os voy a decir yo, que en el blog me he declarado más de una vez  fan incondicional de los helados en cualquier época del año. Me parecen la mejor opción para terminar una comida  y comodísima  cuando se juntan muchos invitados, solo hay que tener a mano unos pequeños detallitos (frutos rojos, bombones, fruta fresca o en compota...) con los que acompañar el helado y el resultado final es perfecto.



Strawberry cheesecake


Frutas del bosque y queso fresco (sin heladera, por si ya la habéis guardado)


De turrón con toque de Baileys




Y PARA LUCIRSE, UNA TARTA

Y si ya quieres dar el todo por el todo, te recomiendo una bonita y deliciosa tarta con aires navideños. Cuando en la mesa apareces con una tarta como estas te hacen la ola. Seguro, segurísimo ;)
Por mucho que hayan comido siempre hay un hueco para una ración.




Tarta Bombón 




Tarta turrón de Jijona






Tarta mousse de turrón con cobertura de chocolate y frutos rojos


Si elegís cualquiera de las opciones que os recomiendo, espero que tanto vosotros como vuestros invitados disfruteis mucho con el postre.

Os deseo unas muy Felices Fiestas.








lunes, 9 de diciembre de 2013

Pastel de manzana y arándanos (Simple apple and blueberry cake)






Hace unos meses me enganché a la cocina de Donna Hay, a través de Canal Cocina. Me fascina ver cocinar a esta mujer, hace que cualquier receta parezca facilísima, además de  muy apetecible y el estilismo con que presenta sus platos es maravilloso. Sencillo y elegante.

Dado que me encantan los postres con manzana, cuando hizo este rico pastel de manzanas y arándanos, anoté la receta. El otro día casualmente dí con ella y enseguida me puse manos a la obra o más bien a la masa  : D
Es  un pastel muy sencillo de hacer y muy rico. La manzana le da mucha jugosidad  y los arándanos le aportan el toque ácido que contrasta muy bien con el resto de ingredientes. La capa de azúcar moreno por encima carameliza las finas lonchas de manzana y te da un toque delicioso a caramelo.... ¿A que os va apeteciéndo?


 




INGREDIENTES:

  • 225 gr de harina de trigo (harina de repostería)*
  • 165 gr de azúcar caster o blanca de grano muy fino *
  • 125 gr de mantequilla en pomada
  • 1 cdta de extracto de vainilla
  • 125 ml de leche entera
  • 2 huevos tamaño L
  • 1 manzana (reineta)
  • 3/4 de taza de arándanos frescos, congelados o deshidratados
  • 2 cdas de azúcar moreno



 




 ELABORACIÓN:

Precalentamos el horno a 170º, con calor arriba y abajo

Forramos un molde desmoldable de 22 cm con papel de hornear, enmantequillamos ligeramente y espolvoreamos con harina, desechando la sobrante.

En el bol de la batidora eléctrica ponemos la harina tamizada, el azúcar caster, la mantequilla, el extracto de vainilla, los huevos y la leche. Mezclamos hasta que toda la masa esté homogénea.

Pelamos la manzana, la descorazonamos y la cortamos en lonchas finas.

Vertemos la masa en el molde e igualamos la superficie, colocamos armoniosamente los gajos de manzana y los arándanos. Espolvoreamos con el azúcar moreno.

Horneamos durante 45 minutos o hasta que al pinchalo el cuchillo o aguja salga limpia.

Sacamos del horno y desmoldamos cuando esté tibio.

Donna Hay sugiere servirlo con nata montada.




NOTAS:

* No penséis que se me ha olvidado poner la levadura, es que esta receta no la lleva. Sin embargo yo le puse harina de repostería, que algo de levadura lleva. Había visto por google cómo quedaba la receta y en algunos casos el aspecto era más tipo flan, a diferencia del bizcocho que hizo Donna Hay para Canal Cocina, por lo que opté por utilizar  harina de repostería.

* Como no tenía azúcar caster lo que hice fue moler azúcar blanquilla en un molinillo de café.



lunes, 2 de diciembre de 2013

Alubias o judías blancas estofadas



Durante una época supusieron la base de la dieta mediterránea, pero con el tiempo han pasado a ocupar un discreto segundo plano en la alimentación familiar. Hablo de las legumbres.

Los nutricionistas aconsejan que se tomen tres veces por semana y que desterremos la inmerecida fama que tienen de alimento calórico; son ricas en fibra, potasio y hierro y pobres en grasa. Lo que sucede es que hace años, debido a que el desgaste físico era mucho mayor que hoy en día, se les añadían muchos ingredientes ricos en grasas. Pero podemos preparar con ellas platos muy dietéticos, saludables y llenos de sabor.

Para la receta de hoy me decanté por unas alubias buenísmas y de gran calidad que me regalaron en León, no voy a decir que el acompañamiento que les he puesto sea poco calórico, pero como veréis la cantidad de compango  que lleva la ración no es muy grande y por lo tanto el pecado es venial  :)



INGREDIENTES:
  •  500 gr de alubias
  • 1 cabeza de ajos entera
  • 1 hoja de laurel
  • 1 chorizo asturiano
  • 1 morcilla asturiana
  • 1 trozo de tocino entreverado
  • 2 cebollas pequeñas 
  • 1/2 pimiento rojo (opcional) 
  • aceite de oliva virgen extra
  • sal


ELABORACIÓN:

La víspera ponemos las judías a remojo con agua fría. (Han de estar a remoja al menos 12 horas)

Ponemos las judías en agua fría sin nada (ni sal), de modo que el agua solo las cubra, se tapan y se llevan al fuego.
Cuando rompe el hervor se escurre el agua y se vuelve a cubrir con agua fría . Se añade entonces la cabeza de ajos (si previamente la hemos asado, el sabor será mucho mejor) , las cebollas, la hoja de laurel , el compango (chorizo, morcilla y el tocino, enteros) y un par de cucharadas de aceite de oliva.

Dejamos cocer todo a fuego lento unas 2 horas o 2 horas y media, aproximadamente; añadiéndoles durante este tiempo unas 3 veces agua fría para cortarles la cocción.

Cuando  las judías estén tiernas o bien les añadimos un refrito (calentamos aceite en una sartén, refreímos cebolla picada y cuando esta esté dorada, le añadimos unas cucharadas de harina , dejamos que tome color . Le añadimos pimentón y tres o cuatro cucharadas del caldo de las alubias. Se pasa por el pasapurés y se le añade a la cacerola donde se cuecen las judías) o bien (esto es lo que hago yo) ponemos unas tres cucharadas de judías en un mortero y las machacamos bien hasta que nos quede un puré, que diluimos con una cucharadas del caldo de las alubias y se lo añadimos a la cacerola donde cuecen las judías.
Este es el momento de salar las judías
Dejamos cocer unos 5 minutos más, las retiramos del fuego y las dejamos reposar.


 



NOTAS:

Durante toda la cocción las judías deben de estar  cubiertas por agua.  No hay que poner un exceso de agua, pero no hay que dejar que se queden sin ella, de lo contrario la piel de las judías se agrietará. Lo ideal son unos 5 o 6 cm por encima de las legumbres.

De vez en cuando movemos la cacerola donde se están cociendo con un movimiento de vaivén, pero nunca se debe de remover con la cuchara.

La sal se añade al final de la cocción, porque si se la ponemos antes estamos haciendo que pierdan su  característica cremosidad .

Están buenísimas recién hechas, pero ganan mucho si las dejamos reposar y mejor aún si las tomamos el día siguiente.

Yo no suelo añadirles zanahoria ni patatas, en cambio le pongo pimiento rojo, pero eso va en gustos.

Cuando compremos alubias hemos de estar atentos a la fecha de recolección, pues las alubias más viejas pierden mucha calidad y resultan más duras.

Y por último os doy un pequeño truco que utilizo para evitar flatulencias: le añado un puñado de cominos en grano, que en estas cantidades no le aporta ningún sabor, pero contribuye a una buena digestión de la legumbre (el laurel también tiene el mismo efecto)



lunes, 25 de noviembre de 2013

Mousse de Nocilla blanca





Últimamente el número de entradas al blog con  recetas dulces ha aumentado mucho; da la sensación de que somos unos golosos empedernidos y sí, para que voy a negaros que nos gusta el dulce, pero en su justa medida. Lo cotidiano es que nuestras comidas terminen con  fruta y/o un yogurt.  Sucede que los platos dulces son menos complicados de fotografiar, pueden  hacerse y fotografiarse con antelación y no implica sacrificar a los comensales, haciéndoles esperar  mientras hago la foto y en consecuencia teniendo que comer el plato frío o recalentado, que siempre es un fastidio. Además, suelo hacer recetas dulces cuando tengo invitados a comer y  finalizar así la comida con un buen broche, también porque es el mejor modo de repartir las calorías  : D

Después del éxito de  la tarta mousse de nocilla, y dado que tenía en la despensa un vaso de Nocilla blanca sin empezar, adapté las cantidades para hacer esta rica mousse.

Por cierto, cuando compráis un vaso de los que tienen ambas ¿cuál acabáis antes? En mi casa el blanco es el primero en terminarse.

Es una mousse deliciosa que os recomiendo de todas, todas. Hacedme caso y en cuanto tengáis la ocasión disfrutadla.
Y dado que las Navidades están a la vuelta de la esquina, servir una mousse tan rica como esta de Nocilla blanca, tal vez con unos frutos rojos por encima, por aquello del colorido navideño, puede ser la guinda con la que culminar con éxito un menú festivo.










INGREDIENTES:

  • 2 clarasde huevo
  • 200 ml de nata líquida 35%M.G
  • 50 ml de leche
  • 150 gr de Nocilla ( le puse 190 gr)
  • 2 hojas de gelatina
  • 1 pizca de sal
  • un puñado de avellanas





ELABORACIÓN:

Hidratamos las hojas de gelatina en agua fría durante 10 minutos.
Calentamos la crema de cacao 30 segundos en el microondas. (En la receta original pone 150 gr, pero cuando me quise dar cuenta ya había echado el envase entero que son 190 gr)
Con ayuda de unas varillas eléctricas montamos la nata y reservamos en el frigorífico (Para que la nata nos monte es necesario que esté muy fría)
Con ayuda de unas varillas eléctricas montamos las claras a punto de nieve con una pizca de sal. Reservamos en el frigorífico
Calentamos la leche sin que nos llegue a hervir y deshacemos en ella las hojas de gelatina previamente escurridas. Removemos hasta la completa disolución de estas
Añadimos a la leche con gelatina la crema de cacao y removemos hasta que nos quede una mezcla homogénea y una textura cremosa.
Incorporamos la nata montada y con movimientos envolventes mezclamos hasta conseguir que la mezcla esté homogénea.
Agregamos las claras montadas a punto de nieve y mezclamos, nuevamente con movimientos envolventes, hasta que la textura sea uniforme.
Vertemos en los recipientes y dejamos reposar en el frigorífico al menos 3 horas.
Pelamos y machacamos unas avellanas que espolvorearemos por encima de la mousse.





Si os gusta la Nocilla o la Nutella, estoy seguro de que no os podréis resistir a una foto como esta ¿A que no?




lunes, 18 de noviembre de 2013

Tabule o tabbouleh



¿Os gusta el tabule? A mi me encanta

En castellano la conocemos como ensalada libanesa, ya que es típica de la Bekaa. Se sirve como plato de acompañamiento de los mezze o entremeses típicos de la zona. 
En su elaboración se suele emplear trigo bulgur; aunque en muchas zonas del Magreb este se sustituye por cuscús.

Es un plato que se sirve frío y por lo tanto se suele consumir en los meses de verano. Sin embargo, a mi  que me gusta tanto  y que consumo de forma habitual ensaladas, la tomo en cualquier época del año, aunque en verano la dejo más tiempo de refrigeración.


INGREDIENTES:

  • 250 gr de cous-cous
  • 250 ml de agua
  • sal
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 2 tomates
  • pimiento rojo (opcional)
  • 1 o 2 cebolletas, según tamaño
  • 1 ramillete de perejil
  • 1 ramillete de hierbabuena
  • zumo de 1 o 2 limones

 




ELABORACIÓN:

Llevamos a ebullición el agua, a la que le habremos añadido un poco de aceite y sal. Retiramos el recipiente del fuego y vertemos el cous-cous. Lo tapamos y dejamos reposar unos 15 minutos.

Cortamos en cuadraditos pequeños los tomates, el pimiento y la cebolleta. Reservamos

Cortamos finamente las hojas de perejil y hierbabuena.

Una vez que el cous-cous esté hecho y  ya frío, mezclamos con las hortalizas y las hierbas. Salamos (tened en cuenta que ya habíamos salado el cous cous) y añadimos aceite de oliva virgen extra y el zumo de los limones. Mezclamos.

Refrigeramos y servimos.







NOTAS:

Las cantidades de las hortalizas, así como del perejil y la hierbabuena, varían en función de nuestros gustos; en estos casos es difícil poner cantidades concretas.

Podemos servirlo en una ensaladera, con unas hojas de lechuga, como acompañamiento de una comida principal, o bien como aperitivo, en recipientes individuales. De cualquier modo, además de rica, resultará muy vistosa.


lunes, 11 de noviembre de 2013

Pollo en salsa con champiñones


 


Hoy os muestro la receta de un rico, tierno y jugoso pollo en salsa. Una receta tradicional y económica;  de las de toda la vida, de esas que ya comíamos de niños y que hemos hecho muchísimas veces.
Un plato que admite distintas elaboraciones, según añadamos unos u otros ingredientes, por ejemplo podemos añadirle unas zanahorias, unos puerros o una picada de pimientos verdes y rojos... En esta ocasión la he hecho con unos champiñones.


INGREDIENTES:

  • 1 Pollo cortado en trozos grandes
  • 3 o 4  dientes de ajo 
  • 1 cebolla gorda
  • 250 gr de champiñones
  • 1/2 vaso de vino blanco (con brandy queda de lujo)
  • 1/2 vaso de caldo de pollo (mejor si es casero)
  • 1 cucharada de harina de maíz
  • 3 cucharadas de harina
  • sal 
  • pimienta
  • unas ramitas de romero (el tomillo también le va muy bien)
  • perejil picado
  • 3 cucharadas de aceite de oliva 






ELABORACIÓN:

Ponemos al fuego una cazuela con el aceite de oliva a fuego medio alto.

Limpiamos el pollo de pieles y grasas. Lo salpimentamos y enharinamos ligeramente (una capa fina) y doramos, por tandas, en el aceite caliente. Conforme se vayan friendo las piezas de pollo las reservamos aparte.

En ese mismo aceite rehogamos los ajos cortados en láminas y la cebolla cortada en cuadraditos pequeños (brunoise). Incorporamos las ramitas de romero y  los champiñones limpios y cortados según nos guste, rehogamos un minuto y añadimos los trozos de pollo.

Regamos con el vaso de vino y cuando haya evaporado el alcohol, añadimos el caldo de pollo. Dejamos que el pollo se haga durante 30 minutos a fuego bajo.
Si vemos que la salsa no tiene el espesor deseado, desleímos una cucharada de harina de maíz en agua fría y se la añadimos al guiso, dejando cocer unos minutos más.

Retiramos las ramas de romero, servimos los trozos de pollo con el champiñón y regados con la salsa. Espolvoreamos perejil picado por encima.


NOTAS:

Me parece importante que el pollo quede bien dorado por todos los lados, para que quede sellado y no suelte los jugos. Por ese motivo es imprescindible que lo hagamos por tandas, sin amontonar.

Siempre le quito la piel, por aquello de las calorías, pero si te gusta, bien tostadita está riquísima. En ese caso echa un poco menos de aceite, porque la piel es muy grasa.

Un buen vino le da aroma y sabor. Cuando tengo brandy se lo añado, porque me encanta el toque que le da, aunque lo he hecho también con cerveza, sidra y hasta champagne.
 
Para que la salsa quede más ligadita, de vez en cuando darle un movimiento de vaivén a la cazuela donde se cuece, de ese modo la salsita emulsiona.


 


Y no os olvidéis de servir con pan, porque la salsita está para mojar y dejar el plato reluciente ;)



lunes, 4 de noviembre de 2013

Bizcocho de chocolate a la taza con nueces





Siempre me han gustado los libros, revistas y programas de cocina; siendo así, las conversaciones sobre comidas y recetas son inevitables y con ellas las notitas con las nuevas aportaciones, con el fin de no olvidarlas. A ellas se le suman otras tantas, de las recetas cogidas al vuelo de algún programa de televisión o de las que veo en alguna revista cuando voy a la peluquería o al dentista. Con el fin de ordenar todo ese maremagnum de papelitos y post-it nació el blog, pero la costumbre no se me ha ido y sigo acumulando notas y más notas de recetas. ¡Qué le vamos a hacer!

En los sobres de levadura de la marca Hacendado hay recetas y claro, ya habréis adivinado que las guardo. Una de ellas corresponde a este riquísimo bizcocho. Facilísimo de preparar, pues ni siquiera necesitamos balanza y cuyo resultado me ha sorprendido muy gratamente. Queda una corteza ligeramente crujiente y un interior esponjoso, con un intenso aroma y sabor a chocolate. La única licencia que me he permitido, y que os aconsejo, es añadirle unas nueces o cualquier otro fruto seco de vuestra preferencia.

Visto lo cual, seguiré guardando también las recetas de levadura ; D



 INGREDIENTES:

  • 2 huevos tamaño L
  • 7 cucharadas soperas de aceite de girasol u oliva suave (50 gr)
  • 1/2 vaso de leche (250 ml)
  • 9 cucharadas de azúcar (150 gr)
  • 9 cucharadas de chocolate a la taza (150 gr)
  • 10 cucharadas de harina de repostería 
  • 10 gr de levadura (2/3 de sobre)
  • 10 nueces 



 



ELABORACIÓN:

Precalentamos el horno a 170º, Calor arriba y abajo, y función aire (opcional).

Engrasamos un molde rectangular y lo espolvoreamos con una ligera capa de chocolate a la taza

Mezclamos la harina con el chocolate a la taza en polvo y la levadura. Pasamos la mezcla por el tamiz.

Vertemos en un bol los dos huevos y el azúcar y batimos la mezcla unos minutos. Añadimos el aceite y la leche y batimos con batidora eléctrica unos 3 minutos o hasta conseguir una crema ligera.

Añadimos al bol la mezcla tamizada de chocolate y harina. Mezclamos a mano hasta conseguir una masa homogénea . Añadimos las nueces peladas y cortadas en trozos grandes, distribuyéndolas a lo largo de la masa.  Vertemos la masa en el molde y horneamos durante 45 minutos (50 si no le ponemos la función de aire)

Pasados 35 minutos podemos abrir el horno para comprobar si el bizcocho está hecho, pinchando con una brocheta. Esta ha de salir limpia.

Sacamos del horno, dejamos el molde sobre una rejilla y pasados diez minutos desmoldamos. Una vez templado o frío espolvoreamos por encima con azúcar glas.










lunes, 28 de octubre de 2013

Quiche de cebolla y tomates de ristra





Como bien sabréis ( y si no es así,  trato de explicároslo) la quiche es un tipo de tarta salada, derivada de la cocina francesa (quiche lorraine) que se elabora principalmente con huevos batidos y crema de leche fresca y espesa, a la que con el tiempo se le han ido añadiendo otros ingredientes: queso rallado (pasándose a denominar  quiche vosgienne, de la región francesa de los Vosgos), tiras de panceta o jamón, cebollas pochadas o fritas ( quiche alsacienne, típico de la región de Alsacia). La variante popular dentro de la cocina francesa es la denominada tarte tourangelle que incluye en su elaboración panceta ahumada y rillettes
También están muy extendidas otras variantes como la  quiche mediterránea, que incorpora hortalizas propias de la cocina mediterránea:  Pimientos, calabacín, chmapiñones, puerro, tomates ( provençale ),  espinacas (quiche florentine).

Después de lo dicho, esta receta la encuadraría dentro de las variantes de quiches mediterraneas, aunque mi propósito no era otro que el de hacer una quiche con los riquísimos tomates de ristra que me traje este verano de Castellón y como la cebolla me encanta, pues le añadí una buena cantidad. El resultado fue un escándalo de rica, riquísima



INGREDIENTES:

  • 1 lámina de masa quebrada
  • 3 cebollas
  • 8 tomates de ristra
  • 1 bola de mozzarella
  • orégano
  • 2 huevos
  • 1 yogurt griego natural (125 gr)
  • 1 cda de aceite de oliva virgen extra 








ELABORACIÓN:


Cortamos las cebollas en juliana fina y las pochamos a fuego lento con una cucharada de aceite de oliva. Las salamos. Reservamos.

Precalentamos el horno a 200 º, con calor arriba y abajo.

Untamos el molde con un poquito de aceite o mantequilla y amoldamos la masa quebrada a él. En este punto podemos hacer el adorno que más nos apetezca con los restos de masa, en este caso he hecho un trenzado.
Pinchamos el fondo con  un tenedor, cubrimos con el papel vegetal donde viene la masa y esparcimos por encima unos garbanzos (los guardamos para otras quichés) o unas bolitas de cerámica que venden para darles este uso.

Horneamos ( a ciegas, se denomina) durante 15 minutos.

Mientras tanto vamos cortando los tomates. En este caso he utilizado tomates de ristra, que están riquísimos, pero podéis utilizar tomates cherry o un buen tomate.

Batimos los huevos y el yogur y les añadimos una pizca de sal. Yo utilizo el yogur porque me gusta más que la nata y porque tiene menos grasa, pero si preferís la nata tan solo tenéis que sustituir este por 200 ml de nata.

Una vez que hayamos horneado la masa, retiramos los garbanzos y el papel vegetal y rellenamos con la cebolla pochada, vertemos el batido de huevos y yogur y repartimos los tomates y espolvoreamos con orégano por encima de ellos. Cortamos la mozzarella a pellizcos y la repartimos por toda la quiché.

Horneamos a 180º, con calor arriba y abajo, durante 20 o 25 minutos.





NOTAS:

El tipo de tomate que he utilizado se denomina "de ristra"

El tomate de ristra es la variedad de tomate que más aguanta fuera de la nevera, se cultiva todo el año. Tiene mucho sabor y es ideal para untar en pan. Procede de Castellón, de donde es autóctono. Tienen un alto contenido de vitamina C y E por lo que son un gran antioxidante, reduce el riesgo de cáncer y es beneficioso para el corazón. Se cosen  en ristras (de ahí su nombre) y se conservan colgados en el lugar más fresco y seco, se conserva durante varios meses.

Como ya he comentado,  me he acostumbrado a prescindir de la nata y utilizar yogurt en este tipo de preparaciones, además de restar grasas y calorías, me gusta su sabor y textura.
También se puede sustituir la nata por leche evaporada, con solo un 8% de materia grasa.

Si en lugar de ponerle orégano, ponemos albahaca el sabor también quedará espectacular.



lunes, 21 de octubre de 2013

Miguelitos



 Seguro que a much@s de vosotros os pasa como a mi, que cuando voy al supermercado cargo con un montón de masa de hojaldre, quebrada... y las congelo. Me resuelven muchos postres y preparaciones saladas, además son un perfecto aliado para esas invitaciones de última hora.

Camino de la playa, hemos de pasar por La Roda  , donde solemos hacer una parada. Pues ahí están los tentadores Miguelitos con su buena pinta, buscando un alma golosa que quiera llevárselos a casa y no dejar ni uno solo. Son riquísimos.
Tenía muchas ganas de hacerlos en casa y ,aprovechando la deliciosa crema pastelera  que hace unas entradas os enseñé,  me animé a prepararlos.

No voy a decir cuales están mejor... mejor no entrar en tema de comparaciones jajajaja , pero estos están riquísimos, crujientes Mmmmmmmmmmm Exquisitos. Juzgad vosotr@s mismos su buen aspecto.

Es un postre  fácil y rápido de hacer, que sin duda merece la pena disfrutar.


INGREDIENTES:

  • 1 lámina de hojaldre
  • crema pastelera (la receta AQUÍ)
  • azúcar glass  





 ELABORACIÓN:

Para mis preparaciones con hojaldre suelo utilizar el de la marca que venden en el Lidl, porque es el que más me gusta por calidad y precio.

Precalentamos el horno a 200º con calor arriba y abajo.

Extendemos el hojaldre sobre el mismo papel en el que viene envuelto. Con un cuchillo bien afilado, cortamos la masa de hojaldre en rectángulos; a mi me han salido 15 rectángulos.
Los separamos un poco y depositamos sobre la bandeja del horno.
Hasta que el horno alcance la temperatura es importante que el hojaldre se mantenga en el frigorífico, sobre todo en verano.

Horneamos a 200º , en la zona central del horno, durante 15 minutos.

Dejamos enfríar sobre una rejilla. Y una vez fríos, los abrimos por la mitad con un cuchillo de sierra.

Rellenamos con la crema pastelera ya fría o templada

Espolvoreamos con abundante azúcar glass. 

Mantenemos en el frigorífico hasta la hora de consumir, ya que la crema lleva huevo.


 




lunes, 14 de octubre de 2013

Ricciarelle con tomates y anchoas



Por su forma y tamaño, hay pastas que casan mejor si se acompañan con una salsa que se adapte a ellas y potencie su sabor. De este modo: Para las pastas largas (tallarines, espaguetis, cintas): salsa de tomate o apenas especiada (napolitana), salteados de marisco (fruti di mare), salsa alioglio (ajo y aceite), carbonara ligera con nata y huevo ,o salsa pesto. Para las pastas tubulares (macarrones, plumas): opciones más contundentes, como salsa boloñesa, salsa carbonara con tocineta, salsa funghi, salteados con tocineta, bacón o salchichas con salsa de tomate o con bechamel. Para las formas grandes (conchas, regatones): potajes como la escudilla o salsa con verduras. También se pueden rellenar con foie o con setas y luego servir con una sala ligera o como guarnición. Para las formas pequeñas (fideos, estrellas): lo mejor es elaborar con ellas sopas, caldos y fideua.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/1753269/0/pasta/mitos/engorda/#xtor=AD-15&xts=467263
La pasta es uno de los alimentos preferidos de mayores y pequeños en España (y medio mundo). Puede encontrarse en cualquier restaurante y es muy fácil de preparar en casa. Y como ocurre cuando algo es tan popular, se trata de un alimento lleno de mitos y leyendas nutricionales que desde Consumer se encargan de aclarar. ¿La pasta engorda? Buena parte de la población cree que la pasta engorda. Nada más lejos de la realidad. El más reciente consenso de prevención y tratamiento de la obesidad, firmado por once sociedades españolas de nutrición, revisó a fondo esta cuestión y llegó a la conclusión de que las dietas con mayor contenido de carbohidratos complejos (como los contenidos en la pasta) se asocian con un menor peso corporal. Es más, aconseja incluir una importante presencia de carbohidratos para prevenir la obesidad. El contenido de carbohidratos complejos en la pasta seca asciende a casi el 75% de su peso, de ahí su importancia en toda dieta sana, sobre todo si se trata de pasta integral. ¿Es mejor comerla a mediodía o para cenar? Es fácil encontrar información que señala que los carbohidratos ingeridos por la noche aumentan la ganancia de peso, pero se trata de una creencia sin sostén científico. Ninguna guía dietética de referencia hace alusión (por falta de plausibilidad argumental) al momento en que debe ingerirse un alimento. ¿Cuál es el modo correcto de cocer la pasta? La cocción de la pasta es un detalle al que, en ocasiones, no se le presta la atención necesaria. Para asegurarse de hacerlo bien, conviene seguir siempre las indicaciones del fabricante. Y es que el modo en el que se cocine la pasta influye en que esta sea fuente de energía lenta o todo lo contrario, que se convierta en un alimento rico en azúcares de fácil y rápida asimilación. Esto último explica que al poco tiempo de su consumo se vuelva a tener hambre. Para que la pasta sea una fuente excelente de hidratos de carbono complejos de absorción lenta ha de quedar cocida "al dente", es decir, cocida por fuera y semicruda en su interior. El modo apropiado de cocer la pasta es calentar un litro de agua con un chorrito de aceite por cada 100 gramos de pasta. En cuanto rompe a hervir el agua, se añade un puñado de sal y la pasta. Después se remueve de vez en cuando para lograr que quede suelta. Para saber si ha alcanzado este punto, se puede sacar de la cazuela un macarrón o un espagueti, partirlo por la mitad y comprobar si el interior queda algo cruda (de color diferente). En ese momento se retira del fuego y se escurre. ¿Es malo cocerla mucho? Hervir mucho la pasta hace que sus nutrientes se diluyan (por su mayor retención de agua). Por otra parte, una cocción más prolongada hace que sea más digerible (algo muy interesante para las pastas integrales en personas no habituadas a tomar mucha fibra) y existe la preocupación de que ello pueda generar más obesidad, debido a la mayor rapidez de absorción de sus carbohidratos. No obstante, el consenso de obesidad antes detallado señaló que no existen evidencias que permitan afirmar que la carga glucémica de la dieta se asocie a un incremento del peso corporal en adultos. Otras dudas a la hora de cocinarla La forma de la pasta, ¿es sólo cuestión de estética? La forma de la pasta no es casual: en función de ella, se presta mejor a unas u otras preparaciones y rinde más en cada una de ellas. Las de menor tamaño (fideos, lluvia, estrellitas...) se utilizan, por lo general, en sopas. Las cintas largas (espagueti o tallarines) o las hebras dan mejor resultado con salsas cremosas. La pasta tubular (macarrones, plumas...) gracias a su hueco interior almacena la salsa con la que se condimenta y "despierta" los paladares más exigentes. Las formas más extravagantes es mejor utilizarlas para ensaladas de pasta. Algunas de las formas son lo bastante grandes (conchas o gigantones) como para ser rellenadas y horneadas. Cuantas más curvas y más recovecos tenga la pasta, mejor combinará con preparaciones que incorporen trozos de carne, pescado o verduras. ¿Qué salsas van mejor con cada tipo de pasta? Por su forma y tamaño, hay pastas que casan mejor si se acompañan con una salsa que se adapte a ellas y potencie su sabor. De este modo: Para las pastas largas (tallarines, espaguetis, cintas): salsa de tomate o apenas especiada (napolitana), salteados de marisco (fruti di mare), salsa alioglio (ajo y aceite), carbonara ligera con nata y huevo ,o salsa pesto. Para las pastas tubulares (macarrones, plumas): opciones más contundentes, como salsa boloñesa, salsa carbonara con tocineta, salsa funghi, salteados con tocineta, bacón o salchichas con salsa de tomate o con bechamel. Para las formas grandes (conchas, regatones): potajes como la escudilla o salsa con verduras. También se pueden rellenar con foie o con setas y luego servir con una sala ligera o como guarnición. Para las formas pequeñas (fideos, estrellas): lo mejor es elaborar con ellas sopas, caldos y fideua.

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La pasta es uno de los alimentos preferidos de mayores y pequeños en España (y medio mundo). Puede encontrarse en cualquier restaurante y es muy fácil de preparar en casa. Y como ocurre cuando algo es tan popular, se trata de un alimento lleno de mitos y leyendas nutricionales que desde Consumer se encargan de aclarar. ¿La pasta engorda? Buena parte de la población cree que la pasta engorda. Nada más lejos de la realidad. El más reciente consenso de prevención y tratamiento de la obesidad, firmado por once sociedades españolas de nutrición, revisó a fondo esta cuestión y llegó a la conclusión de que las dietas con mayor contenido de carbohidratos complejos (como los contenidos en la pasta) se asocian con un menor peso corporal. Es más, aconseja incluir una importante presencia de carbohidratos para prevenir la obesidad. El contenido de carbohidratos complejos en la pasta seca asciende a casi el 75% de su peso, de ahí su importancia en toda dieta sana, sobre todo si se trata de pasta integral. ¿Es mejor comerla a mediodía o para cenar? Es fácil encontrar información que señala que los carbohidratos ingeridos por la noche aumentan la ganancia de peso, pero se trata de una creencia sin sostén científico. Ninguna guía dietética de referencia hace alusión (por falta de plausibilidad argumental) al momento en que debe ingerirse un alimento. ¿Cuál es el modo correcto de cocer la pasta? La cocción de la pasta es un detalle al que, en ocasiones, no se le presta la atención necesaria. Para asegurarse de hacerlo bien, conviene seguir siempre las indicaciones del fabricante. Y es que el modo en el que se cocine la pasta influye en que esta sea fuente de energía lenta o todo lo contrario, que se convierta en un alimento rico en azúcares de fácil y rápida asimilación. Esto último explica que al poco tiempo de su consumo se vuelva a tener hambre. Para que la pasta sea una fuente excelente de hidratos de carbono complejos de absorción lenta ha de quedar cocida "al dente", es decir, cocida por fuera y semicruda en su interior. El modo apropiado de cocer la pasta es calentar un litro de agua con un chorrito de aceite por cada 100 gramos de pasta. En cuanto rompe a hervir el agua, se añade un puñado de sal y la pasta. Después se remueve de vez en cuando para lograr que quede suelta. Para saber si ha alcanzado este punto, se puede sacar de la cazuela un macarrón o un espagueti, partirlo por la mitad y comprobar si el interior queda algo cruda (de color diferente). En ese momento se retira del fuego y se escurre. ¿Es malo cocerla mucho? Hervir mucho la pasta hace que sus nutrientes se diluyan (por su mayor retención de agua). Por otra parte, una cocción más prolongada hace que sea más digerible (algo muy interesante para las pastas integrales en personas no habituadas a tomar mucha fibra) y existe la preocupación de que ello pueda generar más obesidad, debido a la mayor rapidez de absorción de sus carbohidratos. No obstante, el consenso de obesidad antes detallado señaló que no existen evidencias que permitan afirmar que la carga glucémica de la dieta se asocie a un incremento del peso corporal en adultos. Otras dudas a la hora de cocinarla La forma de la pasta, ¿es sólo cuestión de estética? La forma de la pasta no es casual: en función de ella, se presta mejor a unas u otras preparaciones y rinde más en cada una de ellas. Las de menor tamaño (fideos, lluvia, estrellitas...) se utilizan, por lo general, en sopas. Las cintas largas (espagueti o tallarines) o las hebras dan mejor resultado con salsas cremosas. La pasta tubular (macarrones, plumas...) gracias a su hueco interior almacena la salsa con la que se condimenta y "despierta" los paladares más exigentes. Las formas más extravagantes es mejor utilizarlas para ensaladas de pasta. Algunas de las formas son lo bastante grandes (conchas o gigantones) como para ser rellenadas y horneadas. Cuantas más curvas y más recovecos tenga la pasta, mejor combinará con preparaciones que incorporen trozos de carne, pescado o verduras. ¿Qué salsas van mejor con cada tipo de pasta? Por su forma y tamaño, hay pastas que casan mejor si se acompañan con una salsa que se adapte a ellas y potencie su sabor. De este modo: Para las pastas largas (tallarines, espaguetis, cintas): salsa de tomate o apenas especiada (napolitana), salteados de marisco (fruti di mare), salsa alioglio (ajo y aceite), carbonara ligera con nata y huevo ,o salsa pesto. Para las pastas tubulares (macarrones, plumas): opciones más contundentes, como salsa boloñesa, salsa carbonara con tocineta, salsa funghi, salteados con tocineta, bacón o salchichas con salsa de tomate o con bechamel. Para las formas grandes (conchas, regatones): potajes como la escudilla o salsa con verduras. También se pueden rellenar con foie o con setas y luego servir con una sala ligera o como guarnición. Para las formas pequeñas (fideos, estrellas): lo mejor es elaborar con ellas sopas, caldos y fideua.

Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/1753269/0/pasta/mitos/engorda/#xtor=AD-15&xts=467263
La pasta es uno de los alimentos preferidos de mayores y pequeños en España (y medio mundo). Puede encontrarse en cualquier restaurante y es muy fácil de preparar en casa. Y como ocurre cuando algo es tan popular, se trata de un alimento lleno de mitos y leyendas nutricionales que desde Consumer se encargan de aclarar. ¿La pasta engorda? Buena parte de la población cree que la pasta engorda. Nada más lejos de la realidad. El más reciente consenso de prevención y tratamiento de la obesidad, firmado por once sociedades españolas de nutrición, revisó a fondo esta cuestión y llegó a la conclusión de que las dietas con mayor contenido de carbohidratos complejos (como los contenidos en la pasta) se asocian con un menor peso corporal. Es más, aconseja incluir una importante presencia de carbohidratos para prevenir la obesidad. El contenido de carbohidratos complejos en la pasta seca asciende a casi el 75% de su peso, de ahí su importancia en toda dieta sana, sobre todo si se trata de pasta integral. ¿Es mejor comerla a mediodía o para cenar? Es fácil encontrar información que señala que los carbohidratos ingeridos por la noche aumentan la ganancia de peso, pero se trata de una creencia sin sostén científico. Ninguna guía dietética de referencia hace alusión (por falta de plausibilidad argumental) al momento en que debe ingerirse un alimento. ¿Cuál es el modo correcto de cocer la pasta? La cocción de la pasta es un detalle al que, en ocasiones, no se le presta la atención necesaria. Para asegurarse de hacerlo bien, conviene seguir siempre las indicaciones del fabricante. Y es que el modo en el que se cocine la pasta influye en que esta sea fuente de energía lenta o todo lo contrario, que se convierta en un alimento rico en azúcares de fácil y rápida asimilación. Esto último explica que al poco tiempo de su consumo se vuelva a tener hambre. Para que la pasta sea una fuente excelente de hidratos de carbono complejos de absorción lenta ha de quedar cocida "al dente", es decir, cocida por fuera y semicruda en su interior. El modo apropiado de cocer la pasta es calentar un litro de agua con un chorrito de aceite por cada 100 gramos de pasta. En cuanto rompe a hervir el agua, se añade un puñado de sal y la pasta. Después se remueve de vez en cuando para lograr que quede suelta. Para saber si ha alcanzado este punto, se puede sacar de la cazuela un macarrón o un espagueti, partirlo por la mitad y comprobar si el interior queda algo cruda (de color diferente). En ese momento se retira del fuego y se escurre. ¿Es malo cocerla mucho? Hervir mucho la pasta hace que sus nutrientes se diluyan (por su mayor retención de agua). Por otra parte, una cocción más prolongada hace que sea más digerible (algo muy interesante para las pastas integrales en personas no habituadas a tomar mucha fibra) y existe la preocupación de que ello pueda generar más obesidad, debido a la mayor rapidez de absorción de sus carbohidratos. No obstante, el consenso de obesidad antes detallado señaló que no existen evidencias que permitan afirmar que la carga glucémica de la dieta se asocie a un incremento del peso corporal en adultos. Otras dudas a la hora de cocinarla La forma de la pasta, ¿es sólo cuestión de estética? La forma de la pasta no es casual: en función de ella, se presta mejor a unas u otras preparaciones y rinde más en cada una de ellas. Las de menor tamaño (fideos, lluvia, estrellitas...) se utilizan, por lo general, en sopas. Las cintas largas (espagueti o tallarines) o las hebras dan mejor resultado con salsas cremosas. La pasta tubular (macarrones, plumas...) gracias a su hueco interior almacena la salsa con la que se condimenta y "despierta" los paladares más exigentes. Las formas más extravagantes es mejor utilizarlas para ensaladas de pasta. Algunas de las formas son lo bastante grandes (conchas o gigantones) como para ser rellenadas y horneadas. Cuantas más curvas y más recovecos tenga la pasta, mejor combinará con preparaciones que incorporen trozos de carne, pescado o verduras. ¿Qué salsas van mejor con cada tipo de pasta? Por su forma y tamaño, hay pastas que casan mejor si se acompañan con una salsa que se adapte a ellas y potencie su sabor. De este modo: Para las pastas largas (tallarines, espaguetis, cintas): salsa de tomate o apenas especiada (napolitana), salteados de marisco (fruti di mare), salsa alioglio (ajo y aceite), carbonara ligera con nata y huevo ,o salsa pesto. Para las pastas tubulares (macarrones, plumas): opciones más contundentes, como salsa boloñesa, salsa carbonara con tocineta, salsa funghi, salteados con tocineta, bacón o salchichas con salsa de tomate o con bechamel. Para las formas grandes (conchas, regatones): potajes como la escudilla o salsa con verduras. También se pueden rellenar con foie o con setas y luego servir con una sala ligera o como guarnición. Para las formas pequeñas (fideos, estrellas): lo mejor es elaborar

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A la hora de elaborar un plato de pasta es conveniente tener en cuenta su tamaño y forma, pues hay salsas o preparaciones que se adaptan mejor a estos factores, potenciando su sabor.

A las pastas largas (tallarines, espaguetis, cintas)  le van bien las salsas de tomate o salsas poco especiadas (napolitanas), salteados de marisco (fruti di mare), salsa alioglio (ajo y aceite), carbonara o pesto.
A las pastas tubulares (macarrones, plumas) les van más las salsas tipo boloñesa, carbonara con tocineta, funghi, salteados con beicón o salchichas, con bechamel...
Las formas grandes (conchas, regatones) van bien en potajes como la escudella o salsa con verduras. También rellenas con foie o setas y luego servida con una salsa ligera como guarnición
Para las formas pequeñas (fideos, estrellas) lo mejor es elaborar con ellas sopas o fideuas

Los ricciarelle son una pasta larga y rizada a la que le va muy bien el acompañamiento que  lleva, cuya receta he tomado prestada de una revista.
Por su forma y tamaño, hay pastas que casan mejor si se acompañan con una salsa que se adapte a ellas y potencie su sabor. De este modo: Para las pastas largas (tallarines, espaguetis, cintas): salsa de tomate o apenas especiada (napolitana), salteados de marisco (fruti di mare), salsa alioglio (ajo y aceite), carbonara ligera con nata y huevo ,o salsa pesto. Para las pastas tubulares (macarrones, plumas): opciones más contundentes, como salsa boloñesa, salsa carbonara con tocineta, salsa funghi, salteados con tocineta, bacón o salchichas con salsa de tomate o con bechamel. Para las formas grandes (conchas, regatones): potajes como la escudilla o salsa con verduras. También se pueden rellenar con foie o con setas y luego servir con una sala ligera o como guarnición. Para las formas pequeñas (fideos, estrellas): lo mejor es elaborar con ellas sopas, caldos y fideua.

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INGREDIENTES:
  • 350 gr de Ricciarelle all´uovo 
  • 5 tomates maduros
  • 1 lata de anchoas en aceite (16 aproximadamente)
  • 1/2 lata de aceitunas (las puse rellenas de anchoas)
  • 4 cucharadas de aceite de oliva virgen extra
  • 2 dientes de ajo
  • 2 ramitas de albahaca fresca (opcional)
  • sal
  • pimienta.




 




 ELABORACIÓN:

Cocemos la pasta en una cacerola con abundante agua y sal.

Mientras se cuece la pasta, lavamos y pelamos los tomates, eliminamos el pedúnculo y los troceamos.
Pelamos el ajo y lo picamos junto con las anchoas (Dejar algunas para decorar el plato)
Calentamos el aceite en una sartén, incorporamos la mezcla anterior y salteamos ligeramente, sin que llegue a dorarse.
Agregamos el tomate, salpimentamos y cocemos a fuego vivo un par de minutos. Reservamos.

Cuando la pasta esté al dente, escurrimos y mezclamos con el tomate. Añadimos las aceitunas y las hojas de albahaca (opcional) troceadas con la mano.

Regamos con un hilo de aceite de oliva virgen extra por encima. 


 




NOTAS:

He empleado este tipo de  pasta porque hace unos meses que  la trajo mi hija de Italia y me apetecía consumirla, pero podéis utilizar cintas, espagueti, tagliatelle, linguine...
Con las prisas de hacer la foto se me olvidó incorporar la albahaca. :( 
Podéis usar unas aceitunas sin relleno. En mi caso, como tenía un bote en la despensa, pensé que le vendrían bien al plato.